Mes: octubre 2014

La (única) película de octubre

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Si tengo que ser sincera, diré que octubre ha sido un mes bastante malo en cuanto a películas. Tanto en cantidad como en calidad. Aunque sobre todo en cantidad, porque el total de películas vistas este mes asciende al impresionante total de… ¡una! Sí, señoras y señoras, una única película.

Y si todavía pudiera decir que he visto una sólo película pero era buena… ¡pero es que ni eso! En Filmaffinity le puse un 5, y creo que fui demasiado generosa. Si la puntuase ahora tendría menos nota. Llevo un rato pensando a ver qué cosas buenas puedo decir de ella y lo único que se me ocurre es que al menos te alegras la vista con el actor que hace de Astérix (sí, incluso con esa ropa creo que tiene su puntito).

Aunque bueno, también tengo que admitir que creo que gran parte de la culpa la tiene en doblaje. De los más horribles que he oído en mi vida. Seguramente en versión original ganará bastante. Pero, ¿qué queréis? No sé francés. Así que no me quedó otro remedio que verla doblada… no os lo recomiendo. Para empezar, ¿era necesario ponerle esa voz al chico que acompaña a Astérix y Obélix? (ya ni recuerdo su nombre). Y para seguir, que esto es lo más importante: ¡¡¿¿En serio era necesario hacer a hablar a los personajes con ese horroroso “acento británico”??!! Vale, supongo que en la original también habrá distintos acentos, pero seguro que son menos horribles. O eso quiero pensar.

Como cosas concretas no tengo más que decir, ni bueno ni malo. Simplemente… que no me ha gustado, así en modo genérico.

A ver si noviembre viene mejor.

Series que se desinflan

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Seguro que a todos os ha pasado alguna vez que empezáis a ver una serie, adoráis la primera temporada (o incluso también la segunda, la tercera, la cuarta…), pero con el paso del tiempo y los capítulos empezáis a desear que le pongan punto y final de una vez. Porque lo que en un principio fue original se acabó convirtiendo en una serie de tópicos repetidos capítulo tras capítulo. O porque lo que en un principio provocaba tensión acabó convirtiéndose en eternos momentos de tedio. Porque decayó, se desinfló de cualquier manera.

Y seguro que no soy la única que a pesar de eso ha seguido viendo la serie en cuestión. Por puro impulso, por no dejarla a medias, por conocer el final. Y en estos casos da muchísima rabia cuando la cancelan de cualquier manera, sin buscarle un final decente. ¿Para esto he estado yo esperando una temporada, dos, tres más de lo necesario?

Este desinflamiento es lo que me está pasando últimamente con, por ejemplo, Bones. Es cierto que nunca la he considerado una de mis series favoritas, pero no sé, antes al menos me entretenía. Ahora voy con varios capítulos de retraso porque me da muchísima pereza ponerme a verla. Y me estoy planteando muy en serio abandonarla definitivamente.

Más rabia aun me da que me pase con CSI. Una serie que durante años y más años estuvo a la cabeza de mi Top 10 de series favoritas, está empezando a decaer. A ser sólo una serie más que ver cuando no tengo otra cosa que hacer. Aun no ha llegado a la altura (o más bien bajura) de Bones, pero se acerca peligrosamente.

En general eso me da mucha rabia, que los productores se empeñen en seguir con series que han perdido el fuelle. Se nota demasiado que lo que buscan es dinero y no calidad. Ojalá todas las series terminaran en lo más alto, por pena que pueda darnos ver el final de una serie que nos gusta. Pero es que muchas veces el argumento no da para más. Llegó a donde llegó, y si no se puede seguir, pues no se puede.

Dejad que me queje

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Hoy quiero utilizar este blog para reivindicar mi derecho a quejarme por gilipolleces.

Si un día me quiero quejar de que no he podido ponerme la camiseta que quería porque estaba sucia, de que no tengo espacio para más apps en el móvil, de que han cambiado el horario de la serie que quería ver esta noche, pues simplemente lo haré. Me quejaré por ello, aunque sean gilipolleces, y estaré en todo mi derecho. Si quiero cabrearme porque no he conseguido que el pelo me quede como yo quería, porque el tren se retrasa diez minutos o porque no queda Cola-Cao, lo haré también, aunque sigan siendo gilipolleces.

Cuando en algún momento se nos ocurre quejarnos de algo de eso, siempre aparece el típico al que le parece fatal porque él tiene problemas mayores. Sí, él y todos, que nos quejemos a veces por tonterías no implica que nuestras vidas sean perfectas y no tengamos cosas importantes de las que preocuparme. De hecho, casi me atrevería a decir, al menos en mi caso es así, que es todo lo contrario: cuantos más problemas “reales” tengo más tiendo a quejarme de los pequeños problemas. No sé si será porque mi cerebro está tan ocupado con los problemas grandes que en cuanto le metes algo más, por pequeño que sea, explota; o cómo una forma de tranquilizarme a mí misma diciéndome que si tengo tiempo de preocuparme por tonterías es que tan mal no me irá; no lo sé, pero el caso es que suele ser así. Así que, por favor, dejad que me queje de las pequeñas cosas.

Y de todas maneras, incluso en el caso de quien se queje por tonterías porque realmente no tiene otra cosa de la que quejarse, ¿tan malo sería eso? ¿o es una simple cuestión de envidia? ¿No deberíamos más bien alegrarnos de que ese alguien no tenga problemas importantes?

Con la A

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Estaba yo haciendo zapping por la tele sin caer en nada en concreto, cuando de repente se me ha ocurrido una idea para el blog. Una serie de posts, de la A a la Z, con recomendaciones de películas, series, libros y canciones. Uno de cada por cada letra.

La idea es hacer uno a la semana, aunque no voy a prometer ninguna regularidad por si acaso. Y, como es lógico, hoy comienzo con la A.

Una película… Amelie. Se me ocurren muchas buenas películas con la letra A, pero hoy he elegido esta. Porque es ya un clásico a pesar de su relativamente corta edad. Es una maravilla de película. Y no puedo decir de ella nada que no sepáis ya.

Una serie… Abuela de verano. Tengo que decir que es la única serie con A que se me ha ocurrido. Y no la pondría entre mis favoritas, no lo voy a negar. Pero aun así es una buena serie para el verano (que queda algo lejos, pero bueno), y con tantos niños como protagonistas destila ternura por todos lados.

Un libro… After Dark (Haruki Murakami). Mi relación con Murakami no está muy definida. He tenido opiniones opuestas según el libro que leyese. Pero este en concreto me encantó y os lo recomiendo.

Una canción… Antes de que cuente diez (Fito y Fitipaldis). Me encanta Fito en general y esta canción en particular. Nada más que añadir.

Leído últimamente…

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He estado un poco vaga y no he hecho reseña ni nada parecido de mis últimas lecturas. Así que voy a hacer una pequeña entrada recopilatoria, para que aunque no hable mucho de ellas no caigan en el olvido.

Ciudades de papel (John Green). Después del éxito de Bajo la misma estrella (libro que me gustó mucho, he de decir) llevaba tiempo queriendo leer algo más del autor. ¿Mereció la pena? ¿Ha estado a la altura? Pues yo diría que sí. Este hombre escribe novelas juveniles con un estilo propio que las hacen diferentes al montón de clones que hay por ahí. 4/5

La mujer loca (Juan José Millás). Cada vez adoro más a este hombre. Leí hace tiempo Laura y Julio, poco después Lo que fue de los hombrecillos, pero desde entonces no había vuelto con él. Y no sé por qué, porque me encanta. 4’5/5

Un monstruo viene a verme (Patrick Ness). Aunque me ha gustado, esta novela ha sido una pequeña decepción. Había leído tantísimas buenas reseñas que esperaba algo maravilloso, cercano a la perfección; pero no ha sido así. He disfrutado la lectura, me ha parecido triste y tierna a partes iguales… pero no le he encontrado eso que al parecer el resto del mundo sí. 3/5

¿Falta de respeto o libertad en mi estilo?

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En mi armario no hay ningún vestido ni falda. Tampoco tengo maquillaje, no me gusta usarlo (aunque alguna vez me pinto las uñas). Llevo el pelo corto. Jamás me veréis con unos tacones. Y pocas veces con pendientes (aunque esto más que por decisión propia es porque los únicos que no me dan alergia son los de acero, que son complicados de encontrar).

Dicho todo esto, seguro que alguno piensa: “Pues qué chica más masculina”. Pero yo me miro al espejo y pienso: “Pues no”. Queda mal que lo diga yo, pero ahora mismo me veo guapa y muy femenina. Sin necesidad de maquillaje, tacones de vértigo, o vestidos ajustados. Que, oye, quien sea feliz vistiendo así, pues genial. Pero no es mi caso. Me veo mucho más guapa con unos simples vaqueros y la cara lavada. Al natural.

¿Y a qué viene esto? Os preguntaréis. Bueno, pues resulta que el otro día, hablando tranquilamente, alguien me dijo que salir al escenario sin maquillar es como faltar al respeto al público. Yo me quedé flipando, como comprenderéis (o quizás no, quizás penséis igual que ese alguien).

Lo entendería en el caso de una modelo; al fin y al cabo, lo que vende es su imagen. O de una actriz, si es por exigencias de guión (que conste que si hablo es femenino es únicamente por identificarme a mí misma con estas hipotéticas chicas, no busquéis significados ocultos). ¿Pero en el caso de la música, como es el mío? ¿O de un humorista, por poner otro ejemplo? No me entendáis mal, no salgo al escenario igual que a la calle, obviamente. Me arreglo en función de la imagen que quiera dar, que al tocar música clásica generalmente suele ser de elegancia. Pero no creo que ir elegante tenga que implicar necesariamente llevar vestido largo e ir maquillada. Puedo ir simplemente con un pantalón de vestir y una blusa, limpia y bien peinada. ¿En serio os parece esto una falta de respeto?

Llamadme rara, pero cuando yo voy a un concierto no voy a juzgar cómo visten los músicos, sino a disfrutar de la música. Si para ti es más importante el cómo van maquillados, igual deberías pasar tu tiempo libre en pases de modelos y no en conciertos.

¡Por fin!

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Después de más tiempo del que teóricamente debería haber sido, hoy ha llegado, ¡por fin!, mi nuevo móvil. Ese que tendría que haber recibido la semana pasada. Y he tenido suerte y no me ha tocado esperar un día más (que no es mucho, pero ya estaba de los nervios a ver qué pasaba con el paquetito) porque, de casualidad, he llegado a casa justo cuando el cartero iba a irse. Le he preguntado si por casualidad no tendría un paquete para mí y, efectivamente, lo tenía.

He subido a casa y muy impacientemente me he puesto a abrirlo. De primeras me ha parecido más grande de lo que esperaba, pero ya me he acostumbrado. Es que yo venía de un móvil diminuto, y claro, la primera impresión… impresiona.

Luego han venido unos momentos de estrés y agobio. Resulta que el móvil no me reconocía la SIM. Y yo pensando que me lo habían mandado estropeado, y que me iba a tocar volverlo a enviar, y demás ralladas de cabeza. Afortunadamente, lo único que pasaba es que la SIM se coloca al revés que en la mayoría de móviles y yo no me había dado cuenta. Gracias, tutoriales de YouTube, si no llega a ser por vosotros me veo mandando a arreglar un cacharro que funciona perfectamente.

Así que ha costado su tiempo pero, al fin, aquí está mi nuevo móvil, que parece que funciona bien. Esperemos que dure.