Hablemos del blog

El cambio constante

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Todo el que lleve siguiéndome un tiempecito se habrá dado cuenta de que me paso la vida cambiando el diseño del blog. Nunca hecho por mí, claro, porque a) No sé y b) aunque supiera WordPress no te deja personalizar estas cosas (al menos no en su versión gratuíta). Pero el caso es que si lleváis aquí el tiempo suficiente ya habréis visto varios cambios. Diría que este es el definitivo, porque la verdad es que me gusta bastante, pero no voy a engañarme: estoy segura de que en unos meses como máximo estaré dándome otra vuelta por los distintos diseños posibles para cambiarlo otra vez.

A veces me gustaría ser más constante con estas cosas. Porque no es con el blog con lo único que me pasa. También es aplicable a la ropa (me compro un jersey que me encanta y al mes siguiente me pregunto en qué narices pensaba para comprarlo) o a cualquier otra cosa que se refiera al aspecto físico de algo.

Otras veces me acuerdo de esa frase hecha de “renovarse o morir” y pienso que está claro que la opción buena es la de renovarse, así que igual tampoco está tan mal el cambio constante que hago con estas cosas.

Así que en realidad ni es bueno ni es malo, simplemente es. Quizás algún lector mío prefiriese un diseño más estable, si es así lo siento por él, pero por una faceta de mi vida que puedo cambiar cada vez que me dé la gana sin consecuencias de ningún tipo, no la voy a desaprovechar.

Lo que viene ahora

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Como ya habréis visto (a no ser que acabéis de llegar al blog) han sido un par de días de intenso cambio en lo que al blog (los blogs) se refieren. Os hago un pequeño resumen de lo que ha pasado por si no os habéis enterado bien.

Si llegáis aquí desde Gritando al silencio (que, como veréis, sigue siendo el nombre del blog, y conserva las entradas y demás que tenía) quizás penséis que es únicamente un cambio de dirección. Pero los que lleguéis desde Ávida Lectora deberíais ya saber que no es sólo eso. Gritando al silencio va a seguir siendo un blog personal, sí, pero en el más amplio de los sentidos. Las reseñas, y cualquier otra cosa relacionada con la literatura, que hasta ahora limitaba a Ávida Lectora, tendrán su lugar aquí también desde ahora. Eso sí, cambiaré su estructura, que será más libre. Y quizás deje de publicar reseña de absolutamente todo lo que lea, como sí hacía hasta ahora. Pero eso será en beneficio de hablar de muchas más cosas: de cine, de música, de mi vida en general, quizás incluso algún debate de actualidad… lo que vaya surgiendo.

Así que vengáis de donde vengáis, y si sois nuevos también, sed bienvenidos y espero que os guste el nuevo rumbo que tome el blog.

Momentos de terror bloguero

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Ya me ha pasado dos veces en muy poco tiempo. Es un momento horrible. Un momento que no deseo a ningún bloguero. ¿Que a qué me refiero?
A ese horrible momento en el que publicas sin querer una entrada aun sin terminar. Con frases incompletas y elementos descolocados. Faltas de ortografía imperdonables causadas por una escritura apresurada que aun no has tenido tiempo de corregir.

Tu cara en ese horrible momento

A ese horrible momento en el que te das cuenta de que has pulsado el botón “publicar” en lugar del botón “guardar”. En el que intentas pararlo antes de que se publique del todo, a pesar de que es imposible. En el que corres todo lo posible, a pesar de que tu ordenador va a paso de tortuga, para convertir la entrada de nuevo en borrador, antes de que nadie tenga tiempo de verla.

Ese horrible momento.

A la tres millones va la vencida

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No sé si esta entrada llegará a leerla alguien que haya conocido mis anteriores intentos (fallidos) de crear un blog personal. Que no han sido uno ni dos, sino más bien un millón o dos, o incluso tres millones. Con el blog literario no tengo problemas, ya tiene un añito y medio y está creciendo muy bien. Pero por más que lo intento, por más que quiero, hasta ahora no he conseguido continuar con ninguno de los personales. Eso sí, voy a intentar que este sea el definitivo.

En esta imagen hay tantas estrellas como intentos de crear un blog llevo.

Probablemente el problema es que no cumplo mis propias expectativas. Me autoimpongo la obligación de actualizarlo cada poco tiempo, y en cuanto veo que no soy capaz de cumplir mis propios plazos decido que no merece la pena y lo abandono como a un intento fallido. Así que esta vez ¡nada de normas! Que me estoy un mes sin publicar nada, perfecto. Que de repente vuelvo con una publicación diaria, pues igual de perfecto. Será mi lugar y lo utilizaré cuando quiera, sin más.

¿Alguien dispuesto a quedarse conmigo en estas condiciones? Si lo hay, que sepa que es bienvenido.