Un poco de todo

Mi vida amorosa

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Dando un paseillo por blogs varios me he encontrado con esta chorrada y he pensado que me la quedo. Por si alguien no entiende inglés: “Coge el libro más cercano a ti, ve a la página 206. La primera frase cuenta tu vida amorosa”.

El libro más cercano a mí ahora mismo es “El jilguero” de Donna Tartt (sí, aun sigo con él, ya me queda muy poquito y adelanto que me está gustando mucho. Pero me lo quiero tomar con calma). Y la primera frase de la página 206 dice así:

-¿Qué decían en el periódico sobre mí?

Pues… no sé cómo relacionar esto con mi vida amorosa. ¿Quizás quiere decir que va a ser de dominio público? ¿Que me voy a liar con algún famosete? Quién sabe.

Si alguien quiere llevarse esta chorrada a su blog (o hacer la prueba en los comentarios, que estaré encantada de leerlo) es totalmente libre. Yo ni recuerdo de dónde lo saqué.

¿Qué pasa con los blogs personales?

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Hoy leía una entrada de This night has opened my eyes hablando de la “decadencia” de los blogs personales, de cómo cada vez hay menos. Y la verdad es que tiene toda la razón. Cuando yo entré por primera vez en la blogosfera, no con este blog sino con mis anteriores intentos fallidos, seguía a unos cuantos blogs personales muy interesantes; sin embargo, con el tiempo muchos fueron abandonados (con o sin despedida), algunos se transformaron en blogs temáticos, y ahora mismo he hecho la comprobación y sólo sigo 6 blogs personales.

¿Qué ha pasado con los blogs personales? ¿Realmente ya no existen o sólo están muy bien escondidos? Sea como sea, he aquí una recopilación de mis 6 para presentarlos al mundo y contribuir un poco a su no extinción.

Cosas que (me) pasan. Una de las escasas mujeres que a pesar de tener dos niñas no dedica su blog a la maternidad. Por supuesto habla de sus hijas porque son parte de su vida, pero el blog no gira en torno a ellas, habla prácticamente de cualquier cosa.

This night has opened my eyes. Siendo el blog que me dio la idea para esta entrada era obvio que tenía que hablar de él. Escribe de una manera un tanto desordenada sobre cualquier cosa que se le pase por la cabeza, y tiene unas opiniones bastante interesantes.

Zapato a la cabeza. Un blog que me recuerda a los primeros que seguí, no sé muy bien por qué. Habla de cosas muy distintas casi siempre desde el humor.

Tirando pa’lanteMe parece muy del estilo del anterior, no me preguntéis por qué. Supongo que será la manera de escribir.

Opiniones incorrectas. Este es un blog bastante cambiante. En sus inicios hablaba de criminología, luego empezó a abrir el abanico de temas y últimamente se ha monotematizado un poco por el embarazo de la autora. Pero aun así sigue hablando de otras cosas, y sus animales tienen un papel importante en él.

Soliloquios de un gatoUn blog personal en su más puro significado. Ni más ni menos que fragmentos de la vida de la autora.

Y estos son todos. Tengo que decir que este recopilatorio me ha servido para hacer limpieza de algunos blogs que estaban claramente abandonados, y que por esa razón no he incluído aquí. Y que me he dado cuenta de que todos están escritos por mujeres… ¿dónde están los hombres blogueros? Porque en los temáticos son también una minoría…

Os agradeceré si dejáis en los comentarios algún blog personal que sigáis y sea interesante (o todos, si son tan pocos como los míos).

Carta al 2014

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Querido año 2014:

Ahora que ha llegado el momento de que te vayas, quiero despedirme de ti.

Como todos tus antecesores, me has dado momentos buenos y momentos malos. Empezaste bien y acabaste bien, y te lo agradezco, te agradezco todos los momentos buenos que me has dado. Te doy las gracias por dejarme tener grandes momentos con mi fagot, tanto en las clases como en los pequeños conciertos que me han ido saliendo (se agradecería alguno más para el año que viene, díselo a 2015 cuando te lo cruces); te doy las gracias por mi familia, que sigue ahí dándolo todo y apoyándome siempre que lo necesito; y… bueno, las relaciones sociales más allá de mi familia siguen igual de estancadas que siempre, te habría agradecido que me ayudaras a hacer nuevos amigos en lugar de tantos conocidos, pero no te culpo, sé que milagros no haces.

Eso sí, no te creas que me voy a olvidar de los momentos malos; que los metieses en mitad del año no significa que estén escondidos o que no me acuerde de ellos. De hecho que empezasen justo en mi cumpleaños fue de ser bastante cabrón. ¡Qué 20 años sólo se cumplen una vez! Me podías haber dejado disfrutar el día. Pero bueno. Como diría mi madre, “corramos un estúpido velo” y no nos regodeemos en lo malo.

Me despido de tí, querido 2014, con cariño a pesar de todo. No te recordaré como uno de mis mejores años (espero), pero has sido bueno. Ahora me quedo aquí, esperando tranquilamente al 2015, al que daré la bienvenida con doce uvas y mucho cariño. No sé si servirá de algo, no sé si será un buen año o un mal año. Pero tenemos que pasar juntos 365 días, así que más vale llevarnos bien.

Para que sepáis que sigo viva

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Hace ya una semana que no escribo nada por aquí, y aunque cuando empecé el blog me dije a mí misma que no habría problema por no escribir durante un tiempo en él, la verdad es que no me gusta dejarlo así. Manías que tiene una.

El caso es que con eso de que estamos casi en navidades se juntan varios conciertos, con sus respectivos ensayos, y me quitan mucho tiempo. El poco tiempo libre que estoy teniendo se limita a la hora de comer (y, llamadme obvia, pero a esa hora suelo comer) y el ratito de por la noche entre que ceno y me voy a dormir, que aprovecho para ver alguna serie y descansar la mente. Así que hoy, que tenía un poco más de tiempo libre que estos días atrás he pensado: “Pues voy a escribir algo en el blog. Para que sepan que sigo viva y esas cosas”. 

Lo malo es que aunque tengo ganas de escribir, no tengo un tema (interesante) sobre el que escribir. Odio que pasen estas cosas, sobre todo porque hay días que me pasa lo contrario, tengo una idea interesante para una entrada pero me da pereza escribirla. Y al final se me olvida qué era lo que me apetecía contar. Y es curioso que sin tener nada que contar vaya ya por el tercer párrafo, escribiendo cosas random (y digo random, así en inglés, porque es por todos sabido que si no metes una palabra extranjera de vez en cuando, no molas). Es curioso sobre todo porque en persona en esta misma situación no me sacarías más de tres palabras seguidas. Quizás en mi anterior vida fui política y como mi yo presente no suele dar rienda suelta a su verborrea verbal de vez en cuando la tiene que vomitar por escrito. O alguna chorrada parecida. Es una explicación absurda como otra cualquiera a por qué hoy estoy escribiendo sin prácticamente pensar lo que escribo.

En fin, hasta aquí hemos llegado. Si esperábais un post con contenido lógico, lo siento, día equivocado.

Ojos color avellana

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A veces, cuando me aburro, me  pongo a leer páginas de Wikipedia aleatorias. Sobre temas tan diferentes entre sí como pueden ser la ciudad de Nueva York o la saga de payasos a la que pertenecen Fofó, Fofito y compañía. La mayoría de lo que leo se me acaba olvidando, suelen ser conocimientos intranscendentes que no voy a utilizar en la vida así que se ve que mi cerebro decide que no quiere gastar espacio almacenándolos. Pero de vez en cuando hay algún que otro dato que voy almacenando, aunque sea igual de intranscendente que los demás. Datos que, por alguna razón, y aunque sean la mayor chorrada del siglo, me llaman la atención y se quedan grabados en mi mente.

Por ejemplo, ¿habéis oído decir alguna vez eso de que alguien tiene los ojos color avellan? Seguro que sí. Yo hasta hace poco pensaba que era una forma pseudo-poética de decir que tienes los ojos marrones, pero no, resulta que es un color de ojos específico y además precisamente el que yo tengo: esa especie de mezcla entre verde y marrón, seguro que conocéis a gente con los ojos así. Yo nunca sabía cómo definir el color de mis ojos con una sola palabra, ahora ya sé. Ojos color avellana. Que no es que me pase el día teniendo que explicar cómo son mis ojos, pero oye, si alguna vez lo necesito ya tengo la palabra.

Y siguiendo con el tema de los ojos… ¿sabéis cuál es el color más común? Si no hubiérais leído el párrafo anterior seguro que diríais marrones. Al menos es lo que habría dicho yo. Pero no. Ahora seguro que lo adivináis, ¿verdad? Efectivamente: el color avellana es el más común, al menos en España (seguramente si miramos el mundo entero ganaría el marrón, pero me resulta curioso que en España sea este avellana). ¿Y el menos común? Pues el verde. Seguro que esto os extraña menos, ¿cuántas personas con los ojos totalmente verdes conocéis?

Quizás os importe una mierda todo este rollo sobre los ojos que os estoy contando, pero oye, es mi blog y escribo sobre lo que me da la gana. Así que sigo.

¿Sabéis que, según la teoría más aceptada, los ojos azules no surgieron por selección natural al aclararse la piel para adaptarse a los climas fríos, como podría parecer lógico, sino por lo que llaman selección sexual? Es decir, los ojos azules existen para tener más posibilidades de atraer más al sexo opuesto, al ser un color más brillante llamaba más la atención. Así no me extraña que exista esa especie de “adoración” hacia los ojos azules, si es que precisamente evolucionaron así por eso, porque molaban más, no por necesidad ni nada parecido.

Y hasta aquí lo dejo hoy. Pero otro día seguro que vuelvo con más datos inútiles pero interesantes sobre otros temas.

De compras por Internet

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A pesar de que soy una chica joven del siglo XXI que se pasa la vida conectada a Internet, no me gusta comprar por Internet. La únicas veces que me atrevo a ello, es para pedir pizza o sushi. Pero el resto prefiero irme hasta una tienda física, con sus dependientes físicos (aunque a veces sean algo cansinos) y sus objetos en venta físicos. Me encanta cotillear por tiendas virtuales, pero pocas veces me veréis haciendo efectiva una venta por el ordenador. Hay varias razones.

Primera: no ves exactamente lo que estás comprando. Si se trata de ropa, no sabes cómo te va a quedar (ves cómo le queda a la modelo, pero mi cuerpo no se parece mucho al de una modelo). Si se trata de un libro, por mucho que te lo describan no sabes del todo cómo es la edición (especialmente por dentro. Parece que a nadie le parece importante ver cómo es la letra del libro antes de comprarlo…). Y así con todo.

Segunda: cómo haya problemas, apáñatelas para que te lo solucionen. Si ya es difícil que te arreglen o cambien según qué cosas en una tienda física, imaginaos si esto lo tenéis que hacer por Internet. Sobre todo si hablamos de una tienda que está exclusivamente en Internet y envía desde la Conchinchina.

Tercera: la eterna espera. Si tú vas a una tienda física, el procedimiento es bien sencillo: eliges, pagas y te vas. Si es por Internet, la cosa cambia ligeramente: eliges, pagas, esperas un siglo o dos a que te llegue el pedido y respiras tranquilo cuando por fin lo hace.

Cuarto: el pago. Generalmente hay dos opciones: o pagas en efectivo al recibirlo (lo que incrementa “ligeramente” los gastos de envío y además no siempre existe esa opción) o pagas al hacer el pedido con tarjeta o PayPal (lo que supone por un lado que te timen con el cambio dolar -o lo que sea- euro -o lo que sea, y por otro que estés de los nervios porque tú ya has soltado la pasta pero el paquete aun no está ente tus manos y no sabes qué puede pasar hasta que lo esté).

Así que, no, no me gusta comprar por Internet. Y, sin embargo, aquí estoy, esperando a que me llegue de una vez, un día de estos, el paquete con mi nuevo móvil comprado el otro día por Internet. ¿Y qué puede haber hecho que me decida? Pues 500 € de diferencia, aproximadamente, por el simple hecho de ser de una marca china que no conoce nadie. Así que aunque yo esté de los nervios, mi bolsillo lo agradece.

De nombres va la cosa

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No sé si lo he comentado alguna vez, pero soy una fan loca de los nombres. No me entusiasman mucho los niños pero tendría mil hijos sólo por poder elegir sus nombres. Me gustan sobre todo los nombres clásicos (que no es lo mismo que antiguos, no se me ocurriría llamar Eulalia a una niña, por ejemplo) pero que no están oídos en exceso. Pero también hay nombres más “modernos” y de moda que me encantan.

Aunque va un poco por épocas, hay dos nombres (uno de niño y otro de niña) que me encantan y siempre están en mis listas mentales. Son los nombres que me encantaría ponerles a mis hipotéticos futuros hijos: Samuel y Eva.

Pero, por supuesto, no son los únicos nombres que me gustan.

Entre los de niña destacaría nombres como Silvia, Aroa, Emma, Sara (que es el nombre de la más pequeña de mis primas, por cierto), Alba, Carla, Iris, Nora, Vera, Olivia, Ada, Edith, Sandra… y mil más.

Entre los de niño podría mencionar nombres como Saúl, Héctor, Damián, Isaac, Bruno, Víctor (que era el nombre de mi abuelo), Aarón, Uriel, David, Mario, Julio, Tadeo, Óscar… y otros tantos más.

Quizás os parezca una tontería, pero una afición que tengo es hacer listas de nombres. Con diferentes características. Tipo nombres que empiezan por A o nombres con diminutivo bonito. O buscar por Internet nuevos nombres, desconocidos para mí, que aunque jamás me atrevería a poner a un niño de carne y hueso me parecen preciosos.

¿Os pasa a vosotros lo mismo? ¿Tenéis unos nombres favoritos? ¿Coincidís conmigo en alguno?